Aporte individual a la biodiversidad: Cómo contribuyo al ecosistema desde mi casa

Huerta vertical en casa

Por Nery González Lagos

El ser humano desde la antigüedad ha estado relacionado al medio natural, que, en cuanto a evolución práctica, se ha dado paso de la recolección de frutos hacia la acción de trabajar las tierras para producir sus propios alimentos. Esto último se refiere al nacimiento de la agricultura como tal, dando paso al sedentarismo en la vida de los hombres. Ya no es necesario ir moviéndose de un territorio a otro, ya que con la invención de la agricultura pueden proveer de alimentos necesario para la comunidad en el asentamiento. Es por esto que adquiere relevancia este concepto, ya que permite proveer de alimentos a los pobladores de comunidades.

Tal como se menciona en el capítulo analizado del libro “Agricultura Urbana: Espacio de cultivo para una ciudad sostenible”. Se ha tendido a pensar que la agricultura es acción propia de zonas rurales, las que se encuentran fuera del núcleo urbano; y así fue, hasta antes de la llamada Revolución Verde, la que, dados los avances tecnológicos en la industria agroalimentaria, obligó a la población rural a dejar sus áreas para migrar a la ciudad, debido a que con estos avances ya no era necesaria tanta mano de obra en la agricultura. Arrojando como resultado, una nueva población en las ciudades a la que no se consideraba dentro de los presupuestos urbanos, por lo tanto, se trató de una comunidad empobrecida y que no contaba con los recursos para su alimentación. Se piensa que se trata de algo que ya no aqueja a la población, pero la verdad es que entre más crecen las ciudades, más aumenta también las comunidades segregadas y pobres.

La agricultura urbana busca, en parte, solucionar en algo este problema, y a su vez, reconectar y recuperar el espacio verde dentro de las ciudades, los cuales pueden ser productivos o no, dependiendo de las necesidades de las comunidades existentes.

Los beneficios son sustanciales, ya que, en espacios ornamentales pueden embellecer las ciudades (y directamente, contribuimos a mejorar nuestro ecosistema de una manera equitativa, ya que la idea es acercar la naturaleza a todos, independiente del lugar en donde se resida) y también, se lograría obtener un beneficio económico a través de espacios verdes productivos y proveer de alimentos. Se debe mencionar de todos modos, si se opta por una u otra alternativa (infraestructura verde o agricultura urbana), ambas contribuyen al ecosistema que cada vez se encuentra en desmedro, debido a la desmedida planificación que se observa en el espacio urbano de las ciudades. Como también su contribución hacia las personas se da a través de estados de bienestar colectivo que está arraigado en cada uno de nosotros como ciudadanos. Por lo mismo, es necesario adoptar compromisos para traer de regreso los espacios verdes dentro de la ciudad, y otorgarles su rol fundamental, el que también nos hace seres más responsables con nuestro planeta y nuestras comunidades. Aportes que nos conviertan en agentes de cambios, que nos concientice en el cuidado del mundo, el que es nuestro hogar.

Bibliografía

Arosemena, G., Agricultura Urbana: espacios de cultivo para una ciudad sostenible, Editorial Gustavo Gili, SL, Barcelona, 2012.

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