Por: Juan Araya

“Desde sus orígenes, el ser humano ha estado vinculado al medio natural, a la tierra, primero para recolectar sus frutos y, más tarde para “domesticarla” con la aparición de la agricultura”

Arosemena, 2012, p.22

El contexto actual se caracteriza por el permanente habitar dentro del hogar producto de la cuarentena, por lo que es una gran oportunidad para involucrarnos en los asuntos de la agricultura urbana puesto es la pieza clave para la adaptación (Arosemena G., 2012), y con esta idea generar un sustento económico o de abastecimiento.

Son muchos los efectos producto de la migración campo-ciudad que ocurrió a mediados del siglo XX, entre los que se pueden mencionar el aumento de la densificación de las ciudades, el acelerado cambio climático, deficiencia en la salud pública y segregación social. (Arosemena, 2012). A partir de esto han surgido iniciativas que buscan proteger la biodiversidad por medio de una planificación territorial cuya piedra angular sea la sustentabilidad ambiental.

Se propone como solución arquitectónica aprovechar la oportunidad de dar continuidad a un anillo verde dentro del micro-sistema de un patio, todo esto es a través del uso de un cajón de tomates como macetero. Además, la localización también es parte de la planificación debido a que se ubica adyacente al muro que recibe mayor asoleamiento y a una altura que permite su captación de luz.

Por otro lado, basado en el ciclo de la materia, se propone enriquecer la tierra disponible por medio del cultivo de legumbres para así reincorporar el nitrógeno necesario al suelo, y gracias a esto dejar un espacio habilitado para un próximo cultivo.

A largo plazo se planea replicar la renovación de suelos en recipientes de mayor volumen y luego complejizar la biodiversidad con nuevas variedades y recortar una zona del suelo para acceder a una superficie más amplia y menos contenida.

Es posible obtener resultados satisfactorios con el uso de infraestructura verde y cultivos urbanos, se obtienen múltiples beneficios tanto económicos como sociales, y es posible un ciclo continuo de la materia dentro de un sistema de agricultura urbana, adaptándonos por medio de estrategias ante los cambios contemporáneos (Arosemena, 2012).

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